Nuevo paradigma

NUESTRA SALUD DEPENDE DEL MEDIO INTERNO

¿PARA QUÉ CAMBIAR? ¿CÓMO EMPEZAR? Sólo podemos cambiar aquello que conocemos. Las decisiones cotidianas son las que forjan nuestros hábitos que determinan nuestra salud... o "enfermedad". 

La enfermedad no es enfermedad, sino un mecanismo del cuerpo para sostener la vida. Lo que cronifica la “enfermedad” no son causas externas, sino los hábitos malsanos que sustentan un contexto orgánico propicio para el desequilibrio.

Sabemos que lo único constante es el cambio, aunque lo sabemos desde un plano intelectual. Al corporizarlo, al vivenciarlo con nuestro cuerpo, podemos comprender que nos estamos renovando constantemente.

Si nos renovamos completamente cada siete años, según lo aseveran tradiciones milenarias y confirma la ciencia actual, ¿por qué entonces sostenemos estados de desequilibrio de nuestra salud? Millones de células se replican diariamente en nuestro cuerpo. Millones de células interdependientes, interactúan con un contexto que define nuestra salud o enfermedad. Al depurar el cuerpo, permitimos que se liberen toxinas acumuladas a través de los años y favorecemos una química corporal que se traduce en un correcto y óptimo funcionamiento celular. Tan sólo se trata de confiar en la biología corporal, en la sabiduría de la naturaleza, en dejarla actuar para volver a la armonía de nuestro micro-ecosistema. Cultivando un contexto saludable y dejando que la naturaleza haga su trabajo, estamos en el camino hacia un estado equilibrado de salud.

Los alimentos naturales, crudos y vivos, son “ricos en información estructural para la salud” (Brekhman, bioquímico soviético). Cocinarlos o procesarlos destruye esta información. Por lo general, estamos familiarizados con sustancias que consideramos esenciales para nuestro organismo: minerales, oligoelementos, grasas, azúcares, proteínas, vitaminas, etc. Sin embargo, es importante destacar que cada sustancia individual dentro del cuerpo no tiene valor en sí misma. Sino lo que define su importancia, es decir, su función biológica, es la interacción (interdependencia) con otras sustancias. La eficiencia de esta función depende de la disposición y calidad estructural de esos elementos. Si hacemos este análisis a nivel de organismo, la misma semejanza se puede observar en el orden celular. Una célula aislada, por ejemplo del hígado (hepatocito), poco puede hacer para llevar a cabo las miles de funciones de este órgano, si no interactúa con otras miles de células que lo conforman. Cada uno de nosotros, es el habitante de su propio cuerpo. El médico Bernard Jensen dedicó toda una vida a la terapéutica natural, convirtiéndose en un gran referente en materia de salud intestinal. Él afirmaba que aquella persona conocedora de su propio intestino, tiene la capacidad de discernir sus hábitos alimenticios y va por el sendero de una vida más plena. Descubrió que muchas de las “enfermedades” que aquejan al ser humano se originan en un contexto orgánico interno falto de higiene.

Nuestros intestinos conforman una “barrera biológica inteligente” semi-permeable que “decide” aquello que entra o no a nuestro cuerpo. El tubo digestivo está tapizado por millones de neuronas entéricas y otras células especializadas que conforman el “segundo cerebro” de nuestro organismo, de importancia fundamental no sólo a nivel digestivo sino general, cuya actividad afecta desde emociones y sentimientos, hasta los procesos cognitivos. Asimismo, la gran masa y diversidad de microorganismos que conforman la fauna intestinal son el resultado de un proceso evolutivo de millones de años y son sustanciales para un correcto funcionamiento de este complejo sistema. Por lo tanto, la salud intestinal está íntimamente ligada a la salud general del cuerpo y, en particular, a la salud mental. Cabe recordar el viejo axioma de que la salud se fragua en el estómago y en dichos de Hipócrates: “No existe persona sana con estómago enfermo, ni viceversa”. El correcto funcionamiento intestinal es la puerta de entrada y la clave de la salud, y depende 100% de alimento cotidiano. Por el sólo hecho de vivir, de respirar, de alimentarnos, nuestro cuerpo produce toxinas, y si a eso le sumamos los hábitos desordenados y malsanos, se crea un contexto de intoxicación corporal que es la raíz de cualquier “enfermedad”.

Cuando las toxinas en el cuerpo son acumuladas con mayor rapidez que con la que se eliminan, y aún más, cuando los sistemas de excreción no actúan adecuadamente en nuestro cuerpo, tarde o temprano, podemos esperar la enfermedad. De nada sirve ingerir alimento “limpio” (fisiológico) en un cuerpo sucio y esperar buenos resultados. De allí, la importancia de la práctica depurativa diaria y de las instancias de limpieza profunda.

Desde una observación simple y generalizada, el estado de ensuciamiento corporal se relaciona con un estado de acidez orgánico. Los ácidos tóxicos son el producto del metabolismo celular, a la vez que asimilamos parte de este material tóxico en el aire que respiramos, los alimentos que ingerimos y otras fuentes. Hoy en día, muchos de nosotros no conocemos los alimentos adecuados para la salud de nuestro organismo, no hacemos el ejercicio necesario, ni respiramos aire puro, ni tomamos suficiente sol. Ya sea por falta de tiempo, de conocimiento, de otorgarle la debida importancia, o por costumbre o cultura. De todas maneras, todas estas acciones y decisiones que tomamos por nuestra salud desde un plano más físico, afectan los otros planos que conforman nuestra totalidad, desde lo emocional hasta la actitud mental. Actualmente, existe una visión reduccionista y fraccionada de lo que observamos y estudiamos, y esto aparece en cualquier disciplina (medicina, biología, educación, etc.). Es momento de comprender y vivenciar que somos una totalidad, y que cada uno de nuestros cuerpos y planos de consciencia están en continua interacción conformando lo que somos. Entonces, lo que comemos sí afecta la manera en que vemos el mundo, lo que sentimos y pensamos. Así como también, lo que sentimos y pensamos se convierte en un alimento energético que afecta nuestra fisiología. Es necesario que comencemos a comprender la incidencia de una actitud mental positiva en nuestra salud general y acostumbrarnos a cultivarla en lo cotidiano. Los pensamientos negativos intoxican nuestro cuerpo. Nuestras creencias también condicionan nuestro actuar respecto a lo que es normal o no en materia de salud. Creencias culturales, creencias familiares, creencias para determinadas etapas de nuestra vida. Creer que es normal tener osteoporosis llegada la menopausia, nos invita a convivir con un desequilibrio, o al menos "aprender a manejarlo" durante el resto de nuestra vida. Más bien, esta es una invitación a cuestionarnos aquello que hemos considerado como normal o "verdadero", una invitación a cuestionar nuestras creencias. Existe una manera sana de vivir, y no se trata solamente del alimento en un plano material, sino también del alimento emocional que forjamos de múltiples maneras, hasta en los lazos que cultivamos con otros. Por lo general, los problemas de salud ocupan un lugar secundario en relación al resto de las preocupaciones (domésticas, económicas...), cuando en realidad debieran ocupar un lugar primario; entendiendo a la salud como derecho y deber para vivir en plenitud. Es necesario volver a comulgar con el alimento, a conectarnos con la naturaleza, que no es más que nuestra propia naturaleza para comprender que nosotros somos soberanos de nuestra propia existencia. Cuando dejamos que la naturaleza actúe en nosotros y confiamos en la capacidad de recuperación del cuerpo, no podemos más que alcanzar la armonía. Ello nos llevará a desarrollar la intuición y el sentido común hacia lo que necesitamos para construir la plenitud en todo aspecto de nuestra vida.

El equilibrio de nuestra salud depende de tres funciones esenciales: la alimentación, el metabolismo y la eliminación. Somos mucho más de lo que comemos. Debemos prestar debida importancia a nuestro medio interno. Sólo tenemos que crear las condiciones apropiadas para que el cuerpo pueda hacer su tarea. NUESTRA TAREA ES NO HACER NINGUNA TAREA, SÓLO COOPERAR CON EL CUERPO PARA QUE LA NATURALEZA ACTÚE. Este "no hacer" implica derribar barreras: trascender obstrucciones mentales, bloqueos emocionales y desarrollar nuestro sentido más orgánico hacia el alimento. El sentido del síntoma es avisarnos que se está produciendo un desequilibrio. Nosotros tomamos la decisión: ¿Represión o Depuración? Seamos conscientes de nuestras decisiones cotidianas: ¿qué alimento elegimos, qué productos de cosmética y limpieza para nuestros cuerpos y para el hogar, qué vínculos afectivos cultivamos…?

Al igual que la pequeña célula, somos entidades auto-organizadas. Esto quiere decir que somos capaces de auto-mantenernos, auto-repararnos. Pero bien sabemos que somos el resultado de una íntima y armoniosa interacción entre el adentro y el afuera. Un adentro único y dinámico, y un afuera que incide en nuestra estructura y organización. Necesitamos de esta interdependencia para que exista la vida. Cuando existe la vida, existe una organización, que es más que una mera reacción de componentes. Entonces vamos viendo que a todo nivel se aplican las mismas leyes naturales: a nivel celular, a nivel de individuo, y hasta en un nivel social. Cultivar un contexto interno orgánico saludable, tarde o temprano, nos lleva a crear y elegir ambientes externos con características similares, a crear y forjar sanos lazos sociales. Y en esta interacción de seres humanos con esta consciencia, podemos ser co-constructores de una sociedad “depurada” y “limpia” que se traduce en una entidad vital y con capacidad de auto-organizarse. Pero este trabajo empieza en lo individual, en uno mismo, en la unidad de vida más íntima que nos constituye. Comprender la organización social desde la organización celular, nos permite trascender la organización social vertical y vislumbrar que cada uno de sus componentes es esencial para que la totalidad funcione armoniosamente. Entender también que sólo se alcanzará la autonomía cultivando la interdependencia (y la correcta comunicación) y sabiendo que lo que define a esa unidad no es la mera suma de las partes sino el trabajo mancomunado que crea una identidad nueva.

Pongamos nuestra voluntad en trascender lo viejo, y como niños pequeños, aprender los nuevos y mejores caminos. Entonces, empecemos por el principio.

DETENGÁMONOS UN MOMENTO PARA AUTOEXAMINARNOS

  • ¿Nos despertamos hambrientos por la mañana?
  • ¿Nos despertamos faltos de energía?
  • ¿Necesitamos comer algo dulce después de las comidas?
  • ¿Necesitamos comer algo con harina durante el día?
  • ¿Nos sentimos somnolientos luego del almuerzo?
  • ¿Necesitamos tomar agua a lo largo del día? ¿Tenemos sensación de sed?
  • ¿Evacuamos diariamente? ¿Con qué frecuencia? ¿Evacuamos la ingesta de 18 hs previas? ¿Cómo son nuestras evacuaciones?
  • ¿Tenemos olor corporal? ¿Lo reprimimos (desodorantes antitranspirantes, perfumes intensos)? ¿Sudamos en exceso?

¿Qué decisión tomamos?

 

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